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La peluquería Pétalos Azules,está ubicada en Lezica. La dueña de la peluquería, Rocío Vázquez nunca le pagó el despido a Natalia; a pesar de que ella, como cuenta su mamá, le entregó parte de su vida. Hoy Natalia, ya no está, pero están sus hijos chicos que precisan lo que por justicia le corresponde a su mamá.

El exceso de responsabilidad también puede ser fatal.

Naty trabajo los últimos diez años de su vida en la peluquería pétalos azules. Ella amaba su profesión. Era una apasionada de su trabajo. De hecho, dejó la vida literalmente en ese lugar. Al principio trabajaba ocho horas de lunes a sábados, pero a los pocos meses comenzó a involucrarse cada vez más, tanto con la peluquería como con Rocío. Llegaron a formar un vínculo de amistad muy fuerte, tan fuerte que Naty al poco tiempo ya no solo se hacía cargo de abrir y cerrar la peluquería, sino también de cuidar al hijo y a la abuela de Rocío.

 Cuando la pobre señora estuvo enferma Naty se quedaba toda la noche al lado de su cama, cuando la señora murió Naty se quedaba toda la noche acompañando a Rocío para que no se sintiera tan sola. Porque si había una palabra que definía a Naty, esa palabra era lealtad. Naty trabajaba de 9 a 19 horas o hasta que se fuera la última clienta. Nunca se tomó su media hora de descanso. Comía cuando había tiempo. Los últimos años Rocío, muchas veces ni siquiera iba a la peluquería. Vale aclarar que Rocío no es peluquera. Las profesionales eran las chicas (Naty y Micaela, Mica por suerte se fue a tiempo).

Cuando Naty comenzó a trabajar en Pétalos Azules, Rocío alquilaba y viajaba en bus. Cuando Naty dejo de trabajar por su enfermedad, Roció ya había comprado dos casas, dos autos y había abierto un vivero, que era su hobby. Naty dejó de pasar mucho tiempo con su hijo por su trabajo, se perdió las fiestas de fin de curso, se perdió de llevarlo al pediatra, se perdió de verlo crecer. Ella tenía la responsabilidad de lograr que a Agus no le faltara nada. Con una gran dignidad, mantuvo sola a su hijo por mucho tiempo, a pesar de que sabía que podría contar con la ayuda de su familia. Un día Rocío le llamó la atención delante de las clientas por usar el celular en horario de trabajo; ese día Agus estaba con fiebre y Naty cuando podía me escribía para saber cómo seguía. Ese día todo cambio, porque lo que tenía mi hija de buena, también lo tenía de loca. Nunca se lo perdonó; se sintió humillada pública e inmerecidamente. A partir de ese día comenzó a trabajar 10 horas por día en lugar de 12. Entregó la llave. Ya no abría y cerraba ella. Eso obligaba a Rocío a ir a la peluquería, al menos a la hora de abrir y cerrar.

Naty nunca tuvo ni cargo ni sueldo de encargada, aunque cumplía dicha función. A partir de ahí la peluquería se vino abajo, tan es así que Rocío decido cerrar. Le propuso a Naty pagarle el despido en efectivo o pagárselo con la llave de la peluquería. Finalmente, después de muchos idas y vueltas, acordaron que en octubre le pagaba en efectivo. Naty para ese entonces ya tenía a Josefina y había decidido que esta vez no iba a permitir que ningún trabajo le impidiera criar a su hijita. Naty estuvo trabajando muchos años en negro, hasta que un día se enfermó y no tenía cobertura médica. Ese día su padre intimó a Rocio para que la ponga en caja. A Naty la operaron de la vesícula y fue a trabajar porque «Rocío se muere si no voy» Pero por esas cosas del destino, la que se murió fue ella. El 31 de julio de 2019 Naty venia sintiéndose mal y me manda un mensaje diciéndome que no se aguantaba de pie, que estaba haciendo un tremendo esfuerzo por terminar su horario. Inmediatamente le pido a mi esposo que la vaya a buscar para llevarla al médico. Eran las 4 de la tarde, la peluquería cerraba a las 7. Mi esposo volvió a casa sin Naty. Ella se negó a salir antes, se iba a aguantar hasta el cierre. Unas pocas horas más tarde nos enteramos de la noticia; Naty tenía leucemia. Ese fue el último día que trabajó. Ese fue también el ultimo día que vio a Rocío. En todo el tiempo que duró la internación (un año y un mes) Rocío nunca la fue a ver; nunca tampoco recibió ningún tipo de ayuda económica por parte de la persona a la que ella ayudó a amasar una considerable fortuna. No solo eso; cuando Naty supo de la gravedad de su enfermedad me pidió que me encargara de arreglar los detalles de su despido con Rocío porque ella no quería gastar energías en eso y confiaba plenamente en que yo iba llegar a un acuerdo favorable para ambas partes. Mi diálogo con Rocío duró muy poco. Cuando le dije la realidad de la salud de Naty, cuando le dije que su vida pendía de un hilo y que su preocupación era dejarles una tranquilidad económica a sus hijos, para que por lo menos ellos pudieran contar con el dinero de su despido, Rocío me respondió que, dadas las circunstancias, ahora iba a esperar a ver qué pasaba…. iba a esperar a ver si mi hija se moría y se ahorraba unos pesos.

Esa fue la última vez que hable con Rocío Vázquez, una pobre mujer rica. Naty nunca supo de nuestra conversación. Le mentí; una mentira piadosa, le dije que se quedara tranquila que Rocío iba a cumplir su palabra. Mi hija murió tranquila y en paz. Creyendo que, a pesar de todo,” La vida es bella».

                                                                                                             Mariela Lens

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