¿Que tal Doña Tilinga?¡ La veo medio borrosa!!

¿Es por el celular, ¿vio? Le pongo tanto alcohol en gel al pobre que la pantalla me quedó medio borrada!

Y Bue! ¡Que vamos a hacer! Pero dígame; me parece a mi o usted está rodeada de velas.
¿Está con apagón?

¡No mija, otra que apagón! ¡Es para ahorrar luz! Me llegó la cuenta de luz y me quedé sin respiración! Yo creí que me había agarrado el corona, pero no, fue el susto!

Entonces, dije; muy bien me quedo en casa pero no gasto nada. Puse un tanque enorme que usaba el finado para hacer vino, lo limpié bien y cuando llovió lo puse afuera y junté un montón de agua. ¿Que tal? Y estoy muy contenta, dicen que el agua de lluvia es buena para casi todo. ¡¡El pelo lavado con agua de lluvia queda como una seda!!

¿Y en qué otra cosa ahorra?

Bueno como le dije, ya no gasto en agua ni en luz y tampoco tengo teléfono. Tengo este que me regaló mi hijo y me lo paga él.
Y en la comida también ahorro. La vecina de acá al lado que es muy buena; hizo una olla popular y a veces hay gente que le falla. Los días en que la gente le falla, ella me pasa la comida por arriba del muro.

¿Y los otros días?

Los otros días el carnicero me guarda un garrón de novela; y con el garrón hago hasta milanesas.

¿Milanesas de garrón? ¡En mi vida escuché tal cosa! ¡Pero usted es una genia!

No Doña. ¡Que genia! Tengo un martillo que es como el martillo de Tor.


¿De quien me dijo? ¿Asi se llamaba el finado?

¡Pero doña se nota que usted no tiene nietos!!

Tor es un superhéroe, rubio, muy churro, que tiene un martillo impresionante que puede partir cualquier cosa.

Yo agarro el martillo y le doy al garrón tanto martillazo, pero tanto martillazo que no hay garrón que se me resista. Y al final, ese garrón que era duro como un pedazo de cuero queda tiernito como si fuera cuadril

¿Que tal eh?

La verdad; una maravilla.

Dígame doña, cambiando de tema. ¿ Como lleva la cuarentena?

Le digo la verdad con la cuarentena estoy como perro en cancha de bochas.

¿Pero por qué?

Y si mire; por un lado el presidente dice que hay que quedarse en casa, pero al mismo tiempo dicen que hay que poner el país en marcha. ¿ Y entonces?

Le cuento. Me levanto temprano, me baño y me visto como para salir. Y me voy al patio. Y de allí me voy a ver vidrieras.

Pero como, no entendí nada. ¿Está en el patio o va a ver vidrieras? ¿ no entendió que eso no lo puede hacer?

Pero doña, tan inconsciente no soy. Las vidrieras son de mentira. Son unos cartones con fotos de las revistas; entonces me imagino que voy al cine, o a veces que salgo de compras, otra que voy a comer en un restaurante pituco… Y después de todo eso vuelvo, me pongo la ropa de entre casa y empiezo a limpiar.
Y después limpio, limpio y vuelvo a limpiar. Ah! Y también bailo, limpio y bailo!!!
Vamos a cambiar de tema porque usted anda media entreverada.

¿Se enteró de las repatriaciones?

Sí deje! Yo entendí todo mal. Y como estoy un poco sorda cuando escuché que iban a trasladar a los uruguayos empecé a juntar todos mis cachivaches, mis trapitos, las fotos de mi chiquito, las plantitas, las ollas, los perros, los gatos

¿Y para que juntó todo?

Bueno, como lo estaba contando yo entendí que eso del traslado quería decir que a los que vivíamos en barrios embromados nos iban a llevar a barrios mejores. Claro, yo no pretendo vivir en la Atahona, o en Pocitos o en el Prado… Yo me conformaba con vivir en un lugar que no se llueva cuando llueve y que en invierno pudiera calentarme sin miedo de que si prendo una estufa, se me incendie el rancho. Pero bue!. Después entendí que la cosa era para la gente que estaba paseando por ahí fuera.
Así que acá estoy, esperando que se vaya la corona para poder volver a vender tortas fritas!!!

Colegio CENI Colegio y liceo Bethesda

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