Julia Arévalo primera senadora en Uruguay

Julia Arévalo

Nació en Lavalleja en 1898. Cuando se mudó a Montevideo, a los 10 años de edad, comenzó a trabajar en una fábrica de fósforos, y allí comenzó, según Alfredo Gravina, cronista de su vida, un «lamentable triple 10 en explotación humana: 10 años de vida, 10 horas por día y 10 centésimos de paga». Casi enseguida pasó a una fábrica de cigarros, y por entonces empezó a desarrollarse su vocación por la defensa de los derechos humanos», relató González.

La vida de Julia Arévalo desembocó luego en la política. A los 15 años se afilió al Partido Socialista y, junto a Paulina Luisi, apoyó la huelga de las chalequeras y pantaloneras de 1919. Fue una de las fundadoras del Partido Comunista del Uruguay, y en 1939 se integró al movimiento de apoyo a la España republicana.

Ella y Magdalena Antonelli fueron las primeras mujeres diputadas en Uruguay, en 1942. En 1946 fue electa como la primera senadora de América y presentó varios proyectos de ley sobre las condiciones de trabajo y el salario de las mujeres. «Tuve la suerte que no tienen todos los luchadores sociales. La de ver coronada con éxito una etapa, un escalón importante y decisivo de la causa a la cual se entrega la vida entera», dijo en su madurez Arévalo. «Como dijo un poeta, fue una mujer de bronce y miel», afirmó Cristina González. Arévalo falleció en 1985

Magdalena Antonelli Moreno

Nació en Maldonado el 9 de mayo de 1877 y murió en 1955

Fue maestra y militante por los derechos de la mujer uruguaya.

Perteneciente al Partido Colorado, fue una de las primeras mujeres diputadas del país y del continente; electa en los comicios de 1942, al mismo tiempo que la comunista Julia Arévalo de Roche y las senadoras coloradas Sofía Álvarez Vignoli e Isabel Pinto de Vidal.

Luisa Luisi

Integró al Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal desde 1925 hasta 1929. Fue profesora de Idioma Español y de Lectura y Declamación, dirigió el Instituto de Magisterio de Montevideo.

Luisa escribió varios trabajos pedagógicos:»Educación Artística» (1919), «Ideas sobre la Educación» (1922), fue una entusiasta defensora de la escuela valeriana: laica, democrática y fue también consciente de que la educación superior debe estar abierta a la mujer, para que ésta se pueda valer por sí misma.

También escribió libros de poesía, donde expresó hondas preocupaciones existenciales, sobre el amor y la vida: «Sentir» (1916), «Inquietud» (1921), pero las críticas de la época dicen que no tienen emotividad, que es racional, especulativa, intelectualista. Pero es el Dolor cuando se transforma en dolor real (queda paralítica durante años, confinada en una silla de ruedas) el que cantará en su libro «Poemas a la inmovilidad» (1926), donde trasmitió con profunda emoción la angustia de sentirse marginada, el desaliento y la soledad. Para Luisa, es el sufrimiento el que nos hace humanos, y el placer nos desvía de la virtud: el placer como sinónimo del Mal.

Fue una luchadora que elevó su voz clara, coherente, decidida, sintiéndose hermanada con todos sus semejantes. En un discurso que dio en 1936 expuso una breve declaración de principios: democracia justa y firme, mejor distribución de la justicia social, protección a la infancia, reparto de tierra y terminación de los «odiosos» privilegios que dividen a la humanidad en clases de explotadores y explotados.

En 1940, falleció en Santa Lucía, donde estaba retirada de las actividades públicas.

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