LA MARIPOSA MAL HERIDA

por Fernando Manzoni

En una tarde muy pero muy calurosa de verano, un grupo de hormiguitas recogía semillas y hojas para el invierno en el jardín del barrio. Trabajaban en silencio y velozmente, mientras lo hacían, encontraron una mariposa herida y se acercaron para socorrerla.

Entre muchas, usando las patitas, llevaron a la mariposa a un lugar fresco y la ayudaron entre todas a curar sus heridas.

La mariposa les agradeció por la ayuda recibida y les contó que días atrás, un grupo de niños la habían cazado, la habían metido en un frasco de vidrio y la habían dejado bajo el sol olvidada, yéndose a jugar a la pelota.

Revoloteando y empujando con sus alas y sus antenas, la mariposa logró abrir la tapa del frasco y pudo salir al aire libre, pero de tanto esfuerzo, sus frágiles alitas se habían deteriorado y ya no podía volar.

Arrastrándose como pudo, la mariposa se fue deslizando hasta encontrar un lugar seguro en la sombra, allí quedó hasta que la encontraron las hormigas.

Cuando la mariposita terminó de contar su historia, las hormigas le habían reparado sus alas y la invitaron a probar un aleteo para ver si funcionaban.

Con mucho cuidado, la mariposa probó y vio que podía volar de nuevo. Emocionada, agradeció a las hormigas y emprendió el vuelo en busca de flores y polen por los jardines.

Las hormigas volvieron a su trabajo conversando alegremente y en el camino decidieron dar una elección a esos niños que maltrataban los animalitos del prado.

Hablaron con sus amigas las abejas y con los grandes y ruidosos abejorros, llamaron también a los saltamontes y a

las avispas, vinieron también los cascarudos y las chinches; todos alguna vez habían sido maltratados por aquellos niños desobedientes.

La asamblea de insectos decidió dar un escarmiento a los jovencitos y decidido esto, el grupo de bichitos se desplazó hacía el lugar donde los niños estaban jugando, justo cuando habían atrapado un “tatadios” y lo estaban torturando.

Las abejas levantaron el vuelo y formaron un escuadrón, lo mismo hicieron las avispas, mientras un ejército de escarabajos batía con fuerza las patas en el piso levantando una polvareda.

Las chinches se frotaron una con las otras los lomos creando un repugnante olor y cientos de saltamontes se acercaron al grupo de niños rodeándolos.

Fueron los abejorros a dar la orden de asustar a los jóvenes, las abejas los acorralaron, las chinches los llenaron de feo olor, los cascarudos rodearon sus pies y los saltamontes se treparon por sus piernas. Las avispas subieron hasta las cimas de los árboles bajando en picada hacia ellos, asustándolos de tal modo que los jovenzuelos comenzaron a correr despavoridos por todo el jardín.

El grupo de insectos persiguió a los niños y los arrinconó delante del viejo eucalipto y la hormiga más anciana, subida en el lomo de un abejorro les preguntó: “¿a ustedes les gustaría que las abejas les picaran los brazos o que los saltamontes se les metieran en los calzones o que las chinches entraran en sus narices?”.

 “No”- respondieron en coro los niños casi llorando, “nos dolería mucho y nos asustaría más” dijeron.

“Pues entonces prometan que no le harán nunca más daño a un insecto del jardín pues a nosotros los animales también nos duele que nos maltraten, no lo vuelvan a hacer o les haremos lo mismo a ustedes…”

 “Sí, lo prometemos” -dijeron los niños cruzando los dedos como señal de compromiso.

De allí en adelante, los niños se volvieron amigos de los animales del jardín y nunca más les hicieron daño, ni a ellos ni a las  plantas ni a las flores, ahora cuidaban la naturaleza y la disfrutaban junto a los insectos del lugar.

FERNANDO MANZONI

Colegio CENI Colegio y liceo Bethesda

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