TRES CAFÉS RECORDADOS DE LA PLAZA INDEPENDENCIA:

EL PALACE, EL ARMONÍA Y EL SOROCABANA

El Palace era un café a la española, oscuro y alargado, que ocupaba el espacio de la rinconada donde años más tarde -en los setenta- se estableció la cervecería La Pasiva. Con mesas de mármol y enormes butacones, viejos y maltrechos ya sobre finales de los años sesenta; con frescos en las paredes desteñidos por el tiempo. Allí recalaba en esos años y por las tardes, Carlos Real de Azúa, participando de una mesa de memoriosos conocedores del tema histórico además de bibliófilos, como Arturo Scarone, Ariosto González y el doctor Armando Pirotto. Pero al caer la noche, el Palace y el Armonía -el café vecino- se poblaban de gente de teatro, la danza, la música, la literatura, y de una fauna de medio pelo tangencial a lo artístico.

El Armonía, por la tardes era uno de los lugares de encuentro de la comunidad judía; el yidhish era en esas mesas tan familiar o más que nuestro idioma, y la música del café estaba marcada por el sonar incesante de los dados y de las piezas de dominó. En ciertas noches se destacaba en el Armonía la mesa del doctor Menlem -editorialista del diario La Mañana, un hombre muy compuesto que sin embargo en esas veladas se revestía con la simbólica túnica de Dionisios- rodeado de una fauna pintoresca con mucho de fellinesco. Por ahí también transitaba el actor y poeta Juan Carlos Tajes, y auténticos personajes de la noche y el brumoso discurrir de esos lugares como el pintoresco y versátil Marichal o el ceremonioso y blanquecino Wenseslao G.

El escritor Alejando Michelena en un café

El Sorocabana de los bajos del Palacio Salvo fue un lugar de paso, con menos habitúes que el gran café de la plaza Cagancha, aunque tuvo su parroquia fiel. Alguna barra de cinéfilos, que venía hasta allí desde el Cine Club de la Plaza Matriz; algunos de estudiantes del Instituto de Profesores Artigas, también cercano a la plaza en ese entonces; lo mismo hacían tantos fieles del gran Sorocabana de la plaza Cagancha, cuando debían transitar por las cercanías. Y «todomundo» que transitaba en mañanas y tardes del trajinar por el centro.

Alejandro Michelena

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