Era los años 80 y yo vivía en Suecia; eran los años del exilio. Con un grupo de compañeros suecos y latinoamericanos que tenían su origen en la Comunidad del Sur habíamos fundado la editorial Nordan y nuestra ambición era la de editar literatura latinoamericana traducida al sueco y hacer conocer la literatura sueca en castellano.

El crítico literario Angel Rama nos dio una gran ayuda y nos sugirió una lista de nombres; editamos a Onetti, a José Donoso a Carlos Fuentes, al desaparecido Haroldo Conti, a Cristina Peri Rossi y a Marta Traba.

El diario sueco Dagens Nyheter, el periódico más grande de Suecia, publicaba Mafalda todos los días en su página de series. Se nos ocurrió editarlo en forma de libros; todos habíamos crecido con Mafalda y nos identificábamos con esa niña precoz y critica.

Editamos los doce libros e invitamos a Quino, Joaquín Salvado, al lanzamiento. El vivía en ese momento parte del año en Milán y parte en Buenos Aires.  La dictadura militar argentina lo había amenazado.

LLegó a Estocolmo con su esposa y pasó una semana entera en uno de nuestros apartamentos, éramos un grupo de doce adultos y dos adolescentes que compartíamos cuatro apartamentos.

Compartíamos las tareas de la casa así como las de la editorial. Un día me tocó cocinar y le pregunté a Quino que quería comer. Le dije cualquier cosa menos sopa, verdad?

Me miró seriamente y me preguntó ¿y por qué no una rica sopa? ¡Funcionaría bien con el frío que hace!

Le dije.” ¿pero como?, yo di por sentado que vos odiabas la sopa., como Mafalda”…

Se rió y me dijo:  “no te confundas esa es Mafalda, yo adoro las sopas podría tomar todos los días sin aburrirme!

¡Está claro que hice una sopa invernal y apetitosa!

Otra cosa que me intrigaba era como vivía. ¿No extrañaba cuando pasaba temporadas en Italia y temporadas en Argentina?

Me dijo. “No, no extraño nada porque tengo el mismo apartamento en las dos ciudades. ¿Cómo???? No entendíamos esa respuesta y con mucha paciencia nos explicó que tenia las mismas cosas en los dos apartamentos; los mismos libros en la mesa de luz, los mismos cuadros en las paredes del living, la misma colcha en los dos dormitorios. De esa manera no extrañaba, asi estaba siempre en su casa, no importando en que lugar fuera esa casa J.

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