Yo no supe de chica que ese era un libro eran los cuentos de mi abuela y un teleteatro que escuchábamos en la radio Carve a las ocho de la noche. Llore cuando Héctor se despidió de su mujer Andromaca y volvió como un cadaver desecrado. Odie el egoísmo de Paris y la arrogancia de Agamemnon. Recién llegada al liceo me enteré de que era un libro o más bien una colección de leyendas que se pasaban de hoguera en hoguera y se cantaban acompañadas de una lira. Homero supo ser universal siendo infinitamente local y la Iliada sigue siendo para mi el mejor relato que conozco.

Ana Valdés, escritora, periodista

Colegio CENI Colegio y liceo Bethesda

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